Decir no a un cliente

A nadie le gusta decir no a un cliente, y menos cuando estamos en un mes en el que la facturación no va como esperábamos.

Pero si nos planteaos decir «NO» a un cliente es porque algo no cuadra, algo falla. El cliente no nos encaja por algo, o nos solicita unos servicios que no solemos ofrecer, o nos pide un precio muy bajo… Si no fuese así, no nos plantearíamos decir que no.

Es comprensible aceptar un encargo cuando los números aprietan y las cuentas no salen, y mal haríamos si no lo aceptáramos.

Pero, ¿y si esto, que debería ser algo puntual, se convierte en algo cotidiano? ¿Qué pasa cuando la tónica general es aceptar a todos los clientes y ser nosotros los que nos adaptamos a sus peticiones?

Si pasa esto, es porque algo falla, y no es el cliente. El cliente es libre de pedir, y nosotros de aceptarlo o no.

Cuando raramente decimos «NO» a un cliente es porque no tenemos una estrategia clara de captación de clientes.

No debemos de vender a todo el que cruce nuestra puerta, sino a nuestros clientes ideales (a nuestro buyer persona). Y sabremos que lo estamos haciendo bien cuando de vez en cuando digamos NO a un cliente. Porque decir NO es rentable. Porque decir NO es sinónimo de elegir y decir SI a otro tipo de cliente.

Y cuando tenemos una estrategia de captación de clientes en marcha, tendremos que decir NO a algunos, y SI a los que nos convienen. A los que nos convengan en función de los productos y servicios que realmente queremos vender. Esos productos y servicios en los que somos buenos, los controlamos y los ejecutamos en tiempo en forma. O lo que es lo mismo, son garantía de dar un buen servicio y generar rentabilidad para nuestro negocio.

¿Buyer persona y cliente ideal?